29 de julio de 2015

Los masones y la Biblia: Entre el púlpito y el patíbulo

FAJA DE HONOR 2017 de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires para el período 2014/2016 en el Género Ensayo. 
Premiado en el transcurso del Primer Encuentro de Escritores Bonaerenses celebrado en La Plata con el auspicio de la Honorable Cámara de Diputados y la Secretaría de Cultura y Educación.


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Documentos para el revisionismo histórico-crítico de la Masonería en el Río de la Plata
WGT Ediciones, Buenos Aires, septiembre de 2015.

Sinopsis:

Sostenían los masones del Gran Oriente Federal Argentino-G.O.F.A. en sus estudios críticos:

"La Biblia, también llamada entre los masones "Libro de la Ley Sagrada" o "Volumen de la Ley Sagrada", fue y será la manzana de la discordia dentro de la Orden, que impide la universalización de nuestra noble institución por falta de cabal conocimiento acerca de la época en que se introdujo como uno de los útiles de los Talleres (...)".

"Tal circunstancia (...) mantiene un cisma internacional entre Potencias de tronco inglés y las que soportan su influencia, por una parte, frente al Gran Oriente de Francia y las del grupo latino (...) por la otra (...)".

Al respecto, cierto tipo de Masonería aparece a través de la historia como más retrógrada e inflexible que la Iglesia, cuando exige, por ejemplo, la creencia en un Dios único y revelado. Un asunto que ha permanecido vigente en los últimos trescientos años y ha puesto sobre el tapete, una y otra vez, la cuestión de los límites a la libertad absoluta de conciencia. La Biblia en la Logia cumple un rol destacado en toda esta cuestión, siendo estos dos puntos motivo de exclusión para los ateos, agnósticos y todo el que piense distinto a este prejuicio impuesto por aquellos cuerpos masónicos que responden a los parámetros de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

La Biblia en los altares masónicos y la confesionalidad derivada de su uso, la creencia exigida en la siempre controvertida idea de la inmortalidad del alma; o la polémica interpretación volcada sobre el Gran Arquitecto del Universo, figura usualmente asociada a la deidad, son algunos de los tópicos abordados en estas páginas y papeles exhumados de distintos archivos. Como indica el título del texto, son documentos que apuntan al revisionismo histórico y crítico de ciertos aspectos que involucran a la diversidad de las distintas Masonerías existentes.

Entre dichos documentos dos se revelan como claves, siendo ambos editados a mediados del siglo XX. Uno es "La Biblia contra la universalidad masónica", publicado por la revista Verbum; el otro está constituido por las Memorias o crónicas de la Gran Logia de la Masonería Uruguaya, dadas a conocer en ocasión de su "excomunión" dictada por la Gran Logia Unida de Inglaterra.

* La ilustración pertenece a la obra "El Jardín de las Delicias" de El Bosco, detalle correspondiente al panel derecho titulado "El Infierno". El cerdo-monja seduce y le dicta al escriba en el oído, mientras a su vez sostiene la pluma entre las pezuñas.

Fragmentos:

La Francmasonería inglesa dice en una de sus notas a la del Uruguay: “La Francmasonería verdadera es un sistema de moralidad, un culto para conservar y difundir la creencia en la existencia de Dios”.

Frente a esta Francmasonería revelada, deísta, se alza este criterio básico de la Masonería Universal aprobado por el Convento de Lausana de 1875: “La Francmasonería está abierta a todos los hombres de todas las nacionalidades, de todas las razas y de todas las creencias. La Francmasonería no es una religión, no tiene culto, quiere la instrucción laica y su doctrina se resume en el precioso mandato: Ama a tu prójimo”.

(Gran Oriente Federal Argentino, página 84).  

Cuarta Parte.
De Darwin a Stephen Jay Gould o la Biblia en el tapete: Mickey Mouse y la Masonería que evoluciona a los saltos.

(Cuarta y última parte de La Masonería, la Biblia y el calefón).

La cristiandad protestante aceptó en general la fecha de 4004 a.c. fijada por el arzobispo Usher como fecha de la creación del mundo. “El (...) Vicecanciller de Cambridge, que admitía esta fecha de la creación, pensaba que un estudio cuidadoso del Génesis hacía posible aún una mayor precisión; la creación del hombre, de acuerdo con él, tuvo lugar a las nueve de la mañana del 23 de octubre. Esto, sin embargo, nunca ha sido artículo de fe; se puede creer sin riesgo de herejía, que Adán y Eva vinieron a la existencia en octubre 16 o en octubre 30, siempre que las razones se deriven del Génesis. El día de la semana se sabe que fue, naturalmente, el viernes, puesto que Dios descansó el sábado”.

Bertrand Russell, "Religión y ciencia".

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(...) Gould y Eldredge elaboraron la alternativa al gradualismo, el “saltacionismo”, que indica que las especies se transforman rápidamente para luego permanecer invariables durante largo tiempo. Estos estudios permitieron a Gould comprender que “la evolución (...) es la adaptación a los ambientes cambiantes, no progreso”, dice la Wikipedia.

O sea que la evolución no es lineal como le sucedió a las caricaturas de Disney, y como solía ejemplificar Gould en el caso de Mickey Mouse o el Pato Donald, que pasaron de ser simples bosquejos a dibujos estilizados sin incógnitas, rupturas lamarckianas o eslabones perdidos.

Así crecieron estos personajes en el ideario de la gente hasta que, a principios de la década de 1970, Dorfman y Mattelart destruyeron toda ilusión con su libro "Para leer el Pato Donald", demostrando que el mensaje transmitido era otra cosa que no tenía nada que ver con la imagen construida. Adiós, belleza. Un buen título para un libro de Raymond Chandler.

Con la Masonería puede decirse que sucede lo mismo, al menos en ciertos aspectos. Como institución moderna nacida entre los siglos XVII y XVIII, jamás fue una entidad monolítica. La historia nos dice que ha subsistido aquejada por a) continuas escisiones y pugnas internas; b) a la multiplicidad de Ritos y proliferación de Obediencias y c) a sus depredadores naturales: la iglesia, las dictaduras y el poder; el poder que viene de afuera o el poder abusivo de los que están adentro.

Aquí entran a jugar nuevamente el ideario público, la imagen que se pretende dar o construir y el mensaje u obra que finalmente queda, a veces fallida. Y es que la Masonería evoluciona a los saltos, sujeta a la naturaleza inestable del ser humano (Nada hay de nuevo bajo el sol, decía Sábato en una entrevista, citando al Eclesiastés y refiriéndose a los valores, emociones y sentimientos de las personas) y a los vaivenes de los tiempos que le ha tocado vivir, con rupturas significativas y no siempre bellas. Como todo reflejo, la imagen siempre aparece distorsionada.

Al respecto, cierto tipo de Masonería aparece a través de la historia como más retrógrada e inflexible que la iglesia, cuando exige, por ejemplo, la creencia en un Dios único y revelado. Un asunto que ha permanecido vigente en los últimos trescientos años y ha puesto sobre el tapete, una y otra vez, la cuestión de los límites a la libertad absoluta de conciencia. La Biblia en la Logia cumple un rol destacado en toda esta cuestión, siendo estos dos puntos motivo de exclusión para los ateos, agnósticos y todo el que piense distinto a este prejuicio impuesto por aquellos cuerpos masónicos que responden a los parámetros de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

La exclusión también ha involucrado por largos períodos de años a las mujeres y a todo lo que involucre a la llamada diversidad humana. Las excepciones existen y están dadas por razones de conveniencia o utilidad. Otros factores a considerar son la clase social, el prestigio y/o el estatus que se puedan ostentar. La raza también ha influido, como es el caso de la Masonería negra de Prince Hall en Estados Unidos, soslayada hasta hace poco por la Masonería autodenominada Regular.

La contracorriente está representada por el Gran Oriente de Francia, que fue fundada en la década de 1770 -la Gran Logia Unida de Inglaterra fue creada en 1813-. En 1877 el Gran Oriente eliminó de las Logias toda invocación al Gran Arquitecto del Universo (una alegoría siempre confusa) y a la Biblia. Fue un punto de inflexión crucial para lo que se daría en llamar después la Masonería liberal y adogmática, es decir, para todos aquellos que no sostenían ninguna creencia basada en cuestiones de fe ciega.

Cuando reflexiono sobre este asunto, que le atañe más a la teología que a la razón (advierto que soy ateo), pienso en la frase de Calvino, citada por Bertrand Rusell: “¿Quién se atreve a colocar la autoridad de Copérnico sobre la del Espíritu Santo?”

Por esta cuestión el Gran Oriente fue repudiado por los ingleses, creando la más profunda división que aún perdura entre la Masonería universal. Un caso semejante de injerencia británica se dio en América Latina durante el siglo XX. Una de las víctimas más notorias de la excomunión masónica propiciada por Inglaterra fue la Gran Logia de la Masonería Uruguaya a principios de los años 1950.

El otro punto de inflexión, que implicó un histórico progreso, fue la creación, en 1893, de la que poco después se llamaría la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain-El Derecho Humano. Desde el siglo XVIII existían las llamadas Logias de Adopción, donde se aceptaba a las mujeres bajo tutela de talleres masculinos, pero fue El Derecho Humano la primera Orden mixta universal que aceptó en pie de igualdad a hombres y mujeres. Hoy es un baluarte de la mixticidad, la igualdad de género, el laicismo y una práctica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado bajo una visión humanista y no de tipo confesional. Un caso bastante excepcional, aunque no único.

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